martes, 1 de noviembre de 2016
che cuando la impotencia se mezcla atrozmente con la impaciencia y el torrente hirviendo circula por el interior, es bueno saber y contar con ella como par, como semejante, y saber que siempre el deseo y el amor va de la mano siempre con el mutuo acuerdo, que los frutos de lo bueno siempre es más plena satisfacción cuando no repetimos tozudamente moldes impuestos a través de la dominación... ni loca, ni puta, ni enferma, mi par...
"PARÁ, MACHO, PARÁ"
Enhorabuena, la ecografía vaticina una nena, para que ningún enigma se interponga entre el estigma y el casillero que más apeste: ¡Imaginate si te compraban el babero celeste! Hermosa, hermosa, hermosa: comprale un body rosa, todo del mismo color, si tenés rosa Barbie mucho mejor. Justo ahí, en los umbrales morales de las marcas de pañales, no hay certezas, ni emociones: princesas o campeones, ésa es la cuestión. De pequeños seres humanos, hablamos en otra ocasión. Unos años después, cuando bajás de la sillita, te espera una planchita, un hornito y una escobita, para jugar a la señorita que sabe lavar, una idea original para el Hombre de Neanderthal. O con un poco de suerte, siempre que puedas ir zafando de la muerte, ligás una valijita que te forma para profesional, en una libertad condicional que bien podrían llamar desgracia, cuando se trata de la meritocracia para la mujer de clase baja: hay que ser rubia, alta y flaca, como lo indica la foto de la caja.
¿Y para el cumple de 10 añitos? Agarrate, agarrate de tus compañeritos, porque pronto serás señorita y, por alguna curiosa razón, verás caer con la menstruación insólitas acepciones del verbo desarrollar: empezar a usar tampones y aprender a cocinar. Más adelante, sabrás que no serán tan relevantes esos papiros de recetas, mientras no hayas incubado un buen par de tetas. ¿No podés inventarlas? Trabajá, para comprarlas. Y guarda, eh, si rebotan mucho, entonces encórvate toda, sacrificando tu columna por el bien de la moda. Total, los príncipes azules del final siempre consultan tus medidas, entre miradas perdidas o alguna palabra cínica. Nunca, pero nunca, averiguan tu historia clínica.
Arrimando a los 12, cuando tu cuerpo medianamente ya te conoce, llega la hora de abrir la garganta, para poder liberarte. ¿Sexo? No, atorranta, ¡andá a depilarte! Con una ayudita de los medios de comunicación, complementando ese mensaje sutil que te transmitió otra generación, empezás a mirar al espejo más que a cualquier otro pendejo, para saber cuánto gustás, cuánto engordás, cuánto colabora tu cintura con tu carisma. Y entre tanta locura, ¡nunca te distraigas pensando en vos misma! Qué te parece, un amigo de mi vieja me encontró a los 13 leyendo un libro y me pidió que me sacara los lentes, “porque a los hombres no les gustan las mujeres inteligentes”. Válida reflexión, para entender los programas que miran por televisión.
A las puertas de la pubertad, si no caíste entre las abusadas a más temprana edad, empezás a valorar el piropo elegante de cualquier amistoso caballero. Eso, que se niegan a reconocer como acoso callejero. Naaa, tampoco te vas a poner en puritana, porque un viejo se la sacuda mientras baja la ventana, ni te vayas a ofender cuando los muchachos te cuenten cómo te la van a poner y, por favor, no vayas a sensibilizarte sin motivo, cuando un señor de corbata quiera apoyarte en el colectivo. Dame bola, dame bola y vas a entender cómo se siente este miedo de caminar sola, siempre por calles bien iluminadas, porque las mujeres deben saber cómo cuidarse de ser violadas…
Mientras los amigotes de tu viejo celebran “cómo crecés”, a los 14 jugás el Mundial de Primera Vez. ¿Dijiste que sí de entrada? Puta, puta reventada. ¿Dijiste que no, porque era una relación quimérica, algo rígida, un poco brava? Histérica, frígida y calientapava. Ni por ca sua li dad, asumás el sexo con naturalidad. ¡Y ni se te ocurra desenterrarlo de su misterio! Las chicas te dirán que los pibes no te toman en serio. Y a los 18, ni te gastes en exponer tu disertación sobre algún tema importante: déjaselo siempre a un varón, para que suene más interesante. Porque sí, todo depende de quién viene. ¿Y quién viene? El burro que te mantiene. ¿Y quién carajo te dijo que me mantiene? Menos pregunta Dios, porque le conviene.
Ah, ¿te ganó el hartazgo y te pintó la desobediente? ¿Te sobra liderazgo y sabés llegarle a la gente? Bueno, controlá tus emociones y no te zarpés, porque a los varones tampoco les gusta que les pises los talones con las puntas de tus pies. ¿Por qué no lográs reír y sobrevivir, con tus simples quehaceres? Claro que podés competir, pero siempre contra mujeres, en la selva de las más bellas. ¿O no te enseñaron a vestirte para ellas?
Si salís sola o con ropa divertida, sos una trola, trola atrevida.
De ésas que salen a buscar tantos, por cualquier sucucho.
Sí, esos tipos que salen mucho, “porque son desprolijos”.
Y vos, si andás cruzando los 30, nos estás debiendo tus hijos.
Al cursar una carrera y tomar velocidad, te presentan como barrera la fertilidad. Pues aun la mujer que carga su propia lanza, debe ponerle el cuerpo a la crianza, mientras otros hacen caja, como si no estuvieran sacando ventaja. Y las estadísticas funcionan como explicaciones: la mayoría de los políticos son varones, como los jueces, como los jefes. Y sigue la lista, todos custodiados por una Policía machista. Ahora, la mayoría de las enfermeras son mujeres, como las maestrazas, como las amas de casas. Y sigue la lista. Todas custodiadas por algún buen dietista.
¿Sos mujer y venís por abajo? Clavá los frenos: por idéntico trabajo, te están pagando menos. Y si abortás, ay, ay, ay, si abortás deberás aceptar que hay una sociedad cínica midiéndote con su vara, salvo que tengas guita para la solemnidad de una clínica cara. Ladre, señor, usted ladre, ¡hay una mujer que no quiere ser madre! Con qué derecho, por favor, si ese cuerpo está hecho para un mundo consumidor. Por tu culpa, por tu culpa, por tu gran culpa, llevarás el peso de no haberlo querido, de haber decidido autónomamente, como tantas que posan para la revista Gente o la Paparazzi. Eso sí, a vos te van a llamar feminazi.
Mes a mes, en todas las tandas, 9 de cada 10 propagandas invitan a someter a la mujer, reduciéndola con alevosía a expresiones obsoletas: sos la carrocería que está detrás de las tetas. Oh novedad, pero los reyes de la impunidad prefieren que nunca los nombres, porque ellos también son hombres, esos que bajan el martillo como se baja un calzoncillo, porque nunca estuvieron adentro de una pollera, ni mucho menos en una ranchada villera. Nos quieren sumisas, sin risas, sin nada en la cabeza y siempre “muy ricas”. ¿Saben qué? En la pobreza, somos más chicas. Y hay que remar, cueste lo que cueste, pero si vas a salir a laburar, fijate que a tu marido no le moleste. Porque sí, el tipo era divino y hasta te iba a buscar a la escuela, pero de pronto te cela, te supervisa, te hace la requisa y te levanta la voz… ¡No importa, está super enganchado con vos!
A la hora del parto, la madre soñada se vuelve una actriz de reparto y ese momento tan especial para una mujer, se vuelve pesadilla, cuando ya saben que venís de la villa. Te tocan como se les canta, sos una masa de todos debajo de una manta. Y mirás, mientras llorás, parapetada. ¡No preguntes nada! Los doctores, para eso estudiaron. ¿Te duele? Lo hubieras pensado cuando lo engendraron. Calma. Tu alma está tranquila, pero justo ese día tu marido tomó tequila y está fastidioso. Mejor que nadie discuta. Se pone nervioso. Ayer te dijo puta. Mala suerte, qué cagada. Hoy tomó más fuerte y dijo que no servís para nada. ¿Cuál será tu error, si ese señor no tiene caliente su guiso, cuando vuelve de trabajar? Ahora se entiende, por qué te quiso pegar…
Te lo bancás, porque vos creciste y tus viejos no son ricos. Ya viste, “hay que seguir por los chicos”. Paso a paso, lo tenés que calcular: si no lavás bien el vaso, el tipo se puede enojar. Se pone violento, chupa de contento y vuelve divertido. Todo bien, después dice que está arrepentido. Y que no lo hará más, nunca, nunca más. ¿Qué cosa? Dejarte en paz. Todo se pone espeso, no querés verlo preso, pero tampoco te podés ir. Y no te gustaría que tus hijos te vieran morir. Entonces, vas a la comisaría, armada de valentía, para poner tu nombre y hacer lo que una madre debe hacer: dictarle la denuncia a otro hombre, que le pega a otra mujer. El abogado, un tarado, pero bueno, te lo puso el Estado y, aunque no agarra ni una, no podés pagar una fortuna. Todo pasa. Decidís volver a casa, plantarte y divorciarte, salvaguardando tu propia jurisprudencia. ¿La mala? Te ganó la tenencia.
Seguro, si estas imágenes les pegan duro, algunos dirán que somos unas pocas, un par de locas con problemas y algún que otro gay con pésima suerte, pero no, la seño nos enseñó que se llama “Ley del más fuerte”. Sin ningún eufemismo, acá lo llamamos machismo y lo enfrentamos sin chamuyo, con esta furia guerrera que te llena de poder, cuando te tocan el orgullo de haber crecido villera y haber nacido mujer.
Enhorabuena, la ecografía vaticina una nena, para que ningún enigma se interponga entre el estigma y el casillero que más apeste: ¡Imaginate si te compraban el babero celeste! Hermosa, hermosa, hermosa: comprale un body rosa, todo del mismo color, si tenés rosa Barbie mucho mejor. Justo ahí, en los umbrales morales de las marcas de pañales, no hay certezas, ni emociones: princesas o campeones, ésa es la cuestión. De pequeños seres humanos, hablamos en otra ocasión. Unos años después, cuando bajás de la sillita, te espera una planchita, un hornito y una escobita, para jugar a la señorita que sabe lavar, una idea original para el Hombre de Neanderthal. O con un poco de suerte, siempre que puedas ir zafando de la muerte, ligás una valijita que te forma para profesional, en una libertad condicional que bien podrían llamar desgracia, cuando se trata de la meritocracia para la mujer de clase baja: hay que ser rubia, alta y flaca, como lo indica la foto de la caja.
¿Y para el cumple de 10 añitos? Agarrate, agarrate de tus compañeritos, porque pronto serás señorita y, por alguna curiosa razón, verás caer con la menstruación insólitas acepciones del verbo desarrollar: empezar a usar tampones y aprender a cocinar. Más adelante, sabrás que no serán tan relevantes esos papiros de recetas, mientras no hayas incubado un buen par de tetas. ¿No podés inventarlas? Trabajá, para comprarlas. Y guarda, eh, si rebotan mucho, entonces encórvate toda, sacrificando tu columna por el bien de la moda. Total, los príncipes azules del final siempre consultan tus medidas, entre miradas perdidas o alguna palabra cínica. Nunca, pero nunca, averiguan tu historia clínica.
Arrimando a los 12, cuando tu cuerpo medianamente ya te conoce, llega la hora de abrir la garganta, para poder liberarte. ¿Sexo? No, atorranta, ¡andá a depilarte! Con una ayudita de los medios de comunicación, complementando ese mensaje sutil que te transmitió otra generación, empezás a mirar al espejo más que a cualquier otro pendejo, para saber cuánto gustás, cuánto engordás, cuánto colabora tu cintura con tu carisma. Y entre tanta locura, ¡nunca te distraigas pensando en vos misma! Qué te parece, un amigo de mi vieja me encontró a los 13 leyendo un libro y me pidió que me sacara los lentes, “porque a los hombres no les gustan las mujeres inteligentes”. Válida reflexión, para entender los programas que miran por televisión.
A las puertas de la pubertad, si no caíste entre las abusadas a más temprana edad, empezás a valorar el piropo elegante de cualquier amistoso caballero. Eso, que se niegan a reconocer como acoso callejero. Naaa, tampoco te vas a poner en puritana, porque un viejo se la sacuda mientras baja la ventana, ni te vayas a ofender cuando los muchachos te cuenten cómo te la van a poner y, por favor, no vayas a sensibilizarte sin motivo, cuando un señor de corbata quiera apoyarte en el colectivo. Dame bola, dame bola y vas a entender cómo se siente este miedo de caminar sola, siempre por calles bien iluminadas, porque las mujeres deben saber cómo cuidarse de ser violadas…
Mientras los amigotes de tu viejo celebran “cómo crecés”, a los 14 jugás el Mundial de Primera Vez. ¿Dijiste que sí de entrada? Puta, puta reventada. ¿Dijiste que no, porque era una relación quimérica, algo rígida, un poco brava? Histérica, frígida y calientapava. Ni por ca sua li dad, asumás el sexo con naturalidad. ¡Y ni se te ocurra desenterrarlo de su misterio! Las chicas te dirán que los pibes no te toman en serio. Y a los 18, ni te gastes en exponer tu disertación sobre algún tema importante: déjaselo siempre a un varón, para que suene más interesante. Porque sí, todo depende de quién viene. ¿Y quién viene? El burro que te mantiene. ¿Y quién carajo te dijo que me mantiene? Menos pregunta Dios, porque le conviene.
Ah, ¿te ganó el hartazgo y te pintó la desobediente? ¿Te sobra liderazgo y sabés llegarle a la gente? Bueno, controlá tus emociones y no te zarpés, porque a los varones tampoco les gusta que les pises los talones con las puntas de tus pies. ¿Por qué no lográs reír y sobrevivir, con tus simples quehaceres? Claro que podés competir, pero siempre contra mujeres, en la selva de las más bellas. ¿O no te enseñaron a vestirte para ellas?
Si salís sola o con ropa divertida, sos una trola, trola atrevida.
De ésas que salen a buscar tantos, por cualquier sucucho.
Sí, esos tipos que salen mucho, “porque son desprolijos”.
Y vos, si andás cruzando los 30, nos estás debiendo tus hijos.
Al cursar una carrera y tomar velocidad, te presentan como barrera la fertilidad. Pues aun la mujer que carga su propia lanza, debe ponerle el cuerpo a la crianza, mientras otros hacen caja, como si no estuvieran sacando ventaja. Y las estadísticas funcionan como explicaciones: la mayoría de los políticos son varones, como los jueces, como los jefes. Y sigue la lista, todos custodiados por una Policía machista. Ahora, la mayoría de las enfermeras son mujeres, como las maestrazas, como las amas de casas. Y sigue la lista. Todas custodiadas por algún buen dietista.
¿Sos mujer y venís por abajo? Clavá los frenos: por idéntico trabajo, te están pagando menos. Y si abortás, ay, ay, ay, si abortás deberás aceptar que hay una sociedad cínica midiéndote con su vara, salvo que tengas guita para la solemnidad de una clínica cara. Ladre, señor, usted ladre, ¡hay una mujer que no quiere ser madre! Con qué derecho, por favor, si ese cuerpo está hecho para un mundo consumidor. Por tu culpa, por tu culpa, por tu gran culpa, llevarás el peso de no haberlo querido, de haber decidido autónomamente, como tantas que posan para la revista Gente o la Paparazzi. Eso sí, a vos te van a llamar feminazi.
Mes a mes, en todas las tandas, 9 de cada 10 propagandas invitan a someter a la mujer, reduciéndola con alevosía a expresiones obsoletas: sos la carrocería que está detrás de las tetas. Oh novedad, pero los reyes de la impunidad prefieren que nunca los nombres, porque ellos también son hombres, esos que bajan el martillo como se baja un calzoncillo, porque nunca estuvieron adentro de una pollera, ni mucho menos en una ranchada villera. Nos quieren sumisas, sin risas, sin nada en la cabeza y siempre “muy ricas”. ¿Saben qué? En la pobreza, somos más chicas. Y hay que remar, cueste lo que cueste, pero si vas a salir a laburar, fijate que a tu marido no le moleste. Porque sí, el tipo era divino y hasta te iba a buscar a la escuela, pero de pronto te cela, te supervisa, te hace la requisa y te levanta la voz… ¡No importa, está super enganchado con vos!
A la hora del parto, la madre soñada se vuelve una actriz de reparto y ese momento tan especial para una mujer, se vuelve pesadilla, cuando ya saben que venís de la villa. Te tocan como se les canta, sos una masa de todos debajo de una manta. Y mirás, mientras llorás, parapetada. ¡No preguntes nada! Los doctores, para eso estudiaron. ¿Te duele? Lo hubieras pensado cuando lo engendraron. Calma. Tu alma está tranquila, pero justo ese día tu marido tomó tequila y está fastidioso. Mejor que nadie discuta. Se pone nervioso. Ayer te dijo puta. Mala suerte, qué cagada. Hoy tomó más fuerte y dijo que no servís para nada. ¿Cuál será tu error, si ese señor no tiene caliente su guiso, cuando vuelve de trabajar? Ahora se entiende, por qué te quiso pegar…
Te lo bancás, porque vos creciste y tus viejos no son ricos. Ya viste, “hay que seguir por los chicos”. Paso a paso, lo tenés que calcular: si no lavás bien el vaso, el tipo se puede enojar. Se pone violento, chupa de contento y vuelve divertido. Todo bien, después dice que está arrepentido. Y que no lo hará más, nunca, nunca más. ¿Qué cosa? Dejarte en paz. Todo se pone espeso, no querés verlo preso, pero tampoco te podés ir. Y no te gustaría que tus hijos te vieran morir. Entonces, vas a la comisaría, armada de valentía, para poner tu nombre y hacer lo que una madre debe hacer: dictarle la denuncia a otro hombre, que le pega a otra mujer. El abogado, un tarado, pero bueno, te lo puso el Estado y, aunque no agarra ni una, no podés pagar una fortuna. Todo pasa. Decidís volver a casa, plantarte y divorciarte, salvaguardando tu propia jurisprudencia. ¿La mala? Te ganó la tenencia.
Seguro, si estas imágenes les pegan duro, algunos dirán que somos unas pocas, un par de locas con problemas y algún que otro gay con pésima suerte, pero no, la seño nos enseñó que se llama “Ley del más fuerte”. Sin ningún eufemismo, acá lo llamamos machismo y lo enfrentamos sin chamuyo, con esta furia guerrera que te llena de poder, cuando te tocan el orgullo de haber crecido villera y haber nacido mujer.
TENGO UN ARMA...
TENGO UN ARMA... tengo un arma que me arma de ganas de seguir adelante, por lo logrado, tengo un arma que siempre me lleva a transitar los lugares que mi semejante camino, tengo un arma que me da las fuerzas para superar todo lo que perdí... tengo un arma que me ayuda a distinguirte, a discernir de que lado estar siempre, tengo un arma maravillosa que seguro de toda sinceridad esta dispuesta a darle duro a la mediocridad, tengo un arma que me da tu amor para seguir amándote, tengo un arma que me arma de toda certeza, de toda seguridad, de toda experiencia para decir "yo vivo"...
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No se que mierda pasa en este puto mundo, pero se que los asesinos tienen olor a dólares, petroleo, odio étnico y religioso. El maldito dominio de las minorías adineradas no es posible gracias a sus capacidades o superioridad, sino a la indiferencia y desunión de los pueblos oprimidos del resto del mundo

Los negros sucios con pileta.
Las nadies con derechos blancos.
Eso es lo que los jode.
"Milagro es violenta"
Acá hay orgullo del éxodo jujeño.
" Belgrano pobre no tenía carácter, en cambio San Martín, si no lo seguías te fusilaba. Por eso fue el éxito de liberar la Patria."
Liberen a Milagro.
Hijos de puta!
Las nadies con derechos blancos.
Eso es lo que los jode.
"Milagro es violenta"
Acá hay orgullo del éxodo jujeño.
" Belgrano pobre no tenía carácter, en cambio San Martín, si no lo seguías te fusilaba. Por eso fue el éxito de liberar la Patria."
Liberen a Milagro.
Hijos de puta!
En un cuaderno de almacenero
apuntar cuentas, deudas, salarios
bajar un costo, subir un gasto
ponerle freno al Fondo Monetario.
Con el saco desabotonado
camina el barrio de tranco en tranco,
entra a una escuela, destraba un paro
abre una fábrica, sacude un banco.
Enfundado en un par de mocasines
se planta firme a todo un regimiento
baja dos cuadros, camina lento
y mirándolos de frente les dice
“yo no les tengo miedo”.
Con una voz
en la que las palabras hacen agua
dice sereno, este abogado
“vengo a pedir perdón
en nombre del estado”.
Sin corbata, este hombre escrupuloso
grita desde una tribuna
“¿Clarín, estás nervioso?”
Liviano, niño, risueño, cachador,
libre, vagabundo,
pone una mano sobre la rodilla
al emperador del mundo.
Desde hace un tiempo a esta parte
todos llevamos mocasines,
todos andamos mal entrazados,
todos miramos un poco bizcos,
todos somos un poco hermanos,
y en el bolsillo llevamos siempre una birome;
porque todos somos él,
porque él ya es millones.
apuntar cuentas, deudas, salarios
bajar un costo, subir un gasto
ponerle freno al Fondo Monetario.
Con el saco desabotonado
camina el barrio de tranco en tranco,
entra a una escuela, destraba un paro
abre una fábrica, sacude un banco.
Enfundado en un par de mocasines
se planta firme a todo un regimiento
baja dos cuadros, camina lento
y mirándolos de frente les dice
“yo no les tengo miedo”.
Con una voz
en la que las palabras hacen agua
dice sereno, este abogado
“vengo a pedir perdón
en nombre del estado”.
Sin corbata, este hombre escrupuloso
grita desde una tribuna
“¿Clarín, estás nervioso?”
Liviano, niño, risueño, cachador,
libre, vagabundo,
pone una mano sobre la rodilla
al emperador del mundo.
Desde hace un tiempo a esta parte
todos llevamos mocasines,
todos andamos mal entrazados,
todos miramos un poco bizcos,
todos somos un poco hermanos,
y en el bolsillo llevamos siempre una birome;
porque todos somos él,
porque él ya es millones.
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Néstor
MÁS QUE MIL AMORES Como un viento del sur que llega para barrer humedades y agobios, trajo sus saberes de político y estadista a toda la Argentina. Una Argentina que estaba pérdida, naufragada y sin esperanzas. Vino con fuerza, con ese corazón y esa pasión que lo caracterizaron. Hizo del país una Patria reconocida en todo el mundo, más latinoamericana, más soberana. Incluyo a los jóvenes y les descubrió a los adultos que los sueños hay que concretarlos, tal como hizo él con sus convicciones. No le tuvo miedo a nada ni al poder de un presidente como Busch ni al del mercado ni a los militares. Vino así, único y con escaso tiempo vital, ese espacio que sabía le era poco, por eso dio tanto. Antes de irse pidió "¡Cuiden a Cristina!", porque también sabía que los desleales abundaban y hoy ya se los ve tan clarito. A mí me dejó la inmensa alegría de poder conocerlo, de ser contemporánea, de poder contar la historia desde la realidad real y de estar orgullosa y conmovida de nombrarlo MI presidente. O decirle "Querido Néstor" cada vez que una imagen suya aparece. Elijo este texto que te dejo al pie, del escritor y periodista Juan Sasturain, para que este 27 de octubre, en el que se cumple el sexto año de su descarne, los adolescentes que aún no saben quién es, o los de más edad que dicen por boca de aquellos interesados que lo denigran, puedan entender que tuvimos la felicidad de contarlo entre nosotros, así como era -y seguirá siendo- fiel a sí mismo. El supo que el secreto está en tratar de recordar que el otro, quienquiera que fuese, es importante. Y se le fue la vida en ese menester. Alicia Vicchio. - - - • EL IMPRESENTABLE texto de Juan Sasturain escrito a pocas horas del fallecimiento de Néstor (...) No conocí a Kirchner: lo voté y lo iba a volver a votar si se presentaba. Me parece que era –con todas las diferencias e incomodidades que uno, que no está en la política, tiene– lo mejor para el país real, el país de las opciones concretas. Así que, con permiso y todo el dolorido respeto, voy a ser incorrecto. Sincero, quiero decir. Un flaco feo –virola, para colmo– y con una pinta de loser que mataba. Un sujeto que era –marketineramente, digamos, perdonando la palabra– absolutamente impresentable. Y lo notable, ejemplar, festejable hasta hoy incluso, con la lástima y el dolor al día, es que ese supuesto impresentable y la mina que lo acompañaba los abrocharon. Largamente. Y cómo. Me acuerdo cuando los radicales le arreglaron hace años los dientes al pobre Casella para una elección que perdió; me acuerdo –en los noventa– de los afeites, el gato ineficaz y la avispa del Turco perverso. La moraleja es tan obvia que da hasta pudor explicitarla: saludablemente, acá todavía no siempre gana el marketing. Ni los medios. Me acuerdo, hace unas semanas nomás, de Kirchner metido en la pilcha de El Eternauta en los afiches callejeros después de zafar de una anterior a ésta en que no zafó. Qué bárbaro. Narigón irremediable como el mismísimo Oesterheld, que también ha sido enfundado en su momento por Solano en el traje de Juan Salvo, el Néstor (o lo que generaba en la gente joven su liderazgo) primereaba una vez más a la lentejísima oposición y se apropiaba con toda justicia de un ícono ejemplar del siglo. Vuelvo ahora a lo que fue la previa a las elecciones de 2003, con el padrino Duhalde buscando quien agarrara la candidatura, con Lole & Co. (una vez más) sacándoles el cuerpo a las responsabilidades, con un país en la lona y sin futuro, una papa caliente sin nada que ordeñar. El impresentable debe haber sido el tercero en la lista de los posibles contrincantes del Turco con la misma devaluada camiseta. Y allá fue. A propósito: ¿Alguien se acuerda de que Menem ganó, fue primera minoría con casi un cuarto de los votos en esa elección a la que renunció a la hora del ballottage? Memoria, plis: este flaco muerto arrimó apenas algo más del veinte por ciento de los votos –segundo, cómodo–, con el nefasto abanico de López Murphy, Rodríguez Saá y Carrió detrás, todos parejitos. Con ese capital electoral miserable –el ilegítimo Illia, cuarenta años antes, juntó lo mismo que el Turco, pero no había segunda vuelta entonces–, con ese misérrimo porcentaje, digo, que además “era-de-Duhalde”, construyó a contrapelo de expectativas y pronósticos agoreros de ser un dócil "Chirolit", su propio proyecto político, que es lo más parecido a lo que veníamos esperando desde el regreso a la democracia. Y lo hizo desde la carencia, pero con una vocación de poder y capacidad de construir que hoy, los alcahuetes y/o los cínicos enemigos del proyecto que encarnó y encarna, atribuyen (ecuánimemente) a sus respetables cualidades de “animal político”. Y es cierto. Pero Kirchner no sólo ha sabido hacer política mejor que los otros en esos términos pragmáticos (acumular fuerzas, aislar al adversario, pegar primero, tomar siempre la iniciativa), sino que la ha hecho con una dirección y un sentido genuinos, porque siempre sentimos, incluso cuando no lo acompañamos, que creía en la política –no como los economistas tecnócratas del liberalismo o los empresarios colados, que sólo creen en la lógica de la empresa o los números de los balances–, que creía en y hacía política como instrumento de cambio, como medio de acceder al gobierno para poder modificar las relaciones con el poder fáctico, y no para servirlo. Pero yo no quería hablar de eso. Quería hablar de su magnífica condición de impresentable. Y terminar con tres rasgos que cualquier imbécil asesor de imagen o de verso equivalente despreciaría: las biromes berretas con que firmaba decretos y rubricaba acuerdos; el traje cruzado fuera de moda y oportunidad, siempre; la tendencia –memorable, desde el primer día, a la salida del Congreso– a zambullirse entre la gente, sacado, regalado. La verdad, digan lo que digan, Kirchner ha sido un regalo. Generoso, cursi, incómodo, como un velero hecho de caracoles de mar puesto sobre la repisa de la patria. Uno piensa que es para tirar y resulta imprescindible, verdadero, necesario.- |
Qué cagada que se haya muerto Néstor
Porque con su muerte se perdió la posibilidad de sostener durante veinte años un proyecto nacional y popular. Algo inédito en nuestra historia. Si no te gusta esta denominación porque te parece muy peronista, te lo digo de otra manera: era la posibilidad concreta y nunca vista en nuestra historia de sostener en el tiempo un proyecto en el cual la economía esté subordinada a la política y que se fortalezca el mercado interno. Como pasó en EEUU, por ejemplo, aunque, claro, los yankis lo hicieron hace doscientos años. Hicieron mierda a los indios, como acá, pero detrás de los milicos asesinos iba la locomotora conectando el país, y se parcelaba la tierra y se creaban comunidades fortalecidas por un mercado. Y en estas pampas, detrás del asesino Roca iban los descendientes de Martínez de Hoz y de Biolcatti, que recibieron millones de hectáreas y no fueron capaces de hacer un país; a lo sumo hicieron una ciudad para su uso y abuso. Y gobiernos como el de Néstor y Cristina los jodió, les dolió. Como les dolió el primer Perón. No sé si soy peronista. Pero estoy seguro de que no soy gorila. Gorilas son los que cuando hablan del primer peronismo, lo primero que te cuentan son las historias del luto obligatorio o de las chicas de la UES. Eso es lo único que importa para ellos. No te hablan de la redistribución del ingreso, las mejoras laborales, el ascenso social, los planes de viviendas, la creación de escuelas. Tampoco te dicen que jamás en la historia ellos, los contreras, estuvieron mejor. Porque todos estuvieron mejor. Y cómo les jode la palabra todos, cómo les jode. Gorilas son los que cuando hablan de los últimos doce años lo primero que se les viene a la boca es Lázaro Báez o las carteras de Cristina. No te hablan de la mayor redistribución del ingreso de los últimos cincuenta años, ni de la inversión en educación, de las decenas de miles de pymes que producían, de un mercado interno que movía mucha plata. Pero lo peor de todo es que no te dicen que ellos estuvieron mil veces mejor. En el 2001 me tocó cagarme de hambre, como a mucha gente, y a veces para comer había que ir al club del trueque. Y ahora veo que muchos que hace quince años morfaban del trueque se hicieron la casita con Néstor y Cristina y mandaron a los pibes a la universidad pero eso sí, que suerte que se fue ese gobierno ladrón y autoritario. Lo dicen mientras ahora no saben cómo van a pagar la luz, pero ya nos arrastraron a todos en su ignorancia, estupidez y encono. No creo en dios. No creo que Néstor nos esté mirando desde ningún lado, como he leído por acá. Se hubiera cagado de risa al leer o escuchar eso. Mirar, justo yo mirar, no sean boludos, seguro hubiera dicho. Y a la hora de creer, prefiero creer que dentro de poco vamos a volver al rumbo que empezó un flaco estrábico hace más de trece años y que nos dejó hace seis. |
NOSOTROS LOS NEGROS DE MIERDAS
Nosotros, los Negros de Mierda, los que venimos de ese hondo bajofondo donde el barro se subleva, los que andamos de heladera vacía y tripas retobadas.
Nosotros, los que caminamos en patas amasando estiércol, los que hacemos el amor en la única pieza compartida y nos mordemos los orgasmos para no despertar a los niños.
Nosotros, los truchos que marcamos las nuevas tendencias de la moda en La Salada, los que remendamos el guiso de ayer con unas papas prestadas por la vecina solidaria a la que no le sobra nada, los cabecitas despreciados por la oligarquía.
Nosotros, los que enterramos algún afecto en un cajón berreta de pino verde económico, los que seseamos entre el laberinto de los dientes ausentes, los que nos fuimos al descenso con tantos goles en contra que ya nos duele el ciático de agacharnos para sacar la pelota del fondo del arco.
Nosotros, los que nos reconocemos por el sudor proletario y nos olemos como los perros guachos se huelen los genitales, los que fracasamos en nuestro afán de ser felices, los que somos felices a pesar del naufragio.
Nosotros, los que cada día salimos a la batalla colgados del estribo de la vida, soportando que nos rocen el culo de ida y de vuelta, aferrados al pasamanos ( mentira que Rexona no te abandona ) , mirando con ojos de envidia al que va sentado hasta Retiro, franeleandose
Nosotros, los que no festejamos empates porque Perón y Evita nos enseñaron que hay que salir a la cancha a ganar porque con la dignidad es mas probable dar la vuelta olímpica, incluso en la cancha de ellos.
Nosotros, los villeros comegatos, los indocumentados, los invisibles a los ojos del establishment, los sumisos que agachan la cabeza y le dan para adelante, los eunucos del harén del terrateniente, los mayordomos del campo del latifundista, los ordeñadores de la leche de las vacas de la arcadia de los Biolcatti.
Nosotros, los que vamos al chino cuando vamos, y nos compramos un kerosén tinto marca Sumuva, persuadidos por la publicidad que nos bate : Ahora con un diseño moderno, atractivo, innovador y gracias a su novedoso formato en envase Tetra Prisma, es fácilmente manipulable. Es cómodo de verter y puede ser conservado gracias a la práctica tapa.
Nosotros, los bisnietos de los descamisados, los que salimos a surfear en ese oleaje de trapos, los que reventamos la plaza porque nos quedamos huérfanos de Néstor y nos mordimos hasta gotear por los labios, y nos apretamos en un abrazo desconocido, los que hicimos pucheros frente al féretro, los que cantamos una y otra vez la marchita con la garganta hecha hilachas de dolor, los que aprendimos a pronunciar sin pudores en éstos años la palabra “ PATRIA “ sin que nos remita a tiempos pretéritos y reaccionarios de nacionalismos patéticos, los que decimos “ COMPAÑERA / COMPAÑERO “ con tanta dulzura que corremos el riesgo de enfermarnos de una diabetes amorosa y militante, los que voluntariamente le donamos una transfusión de sangre a la muerte sin preguntar, los que ofrendamos el corazón y lo depositamos junto a las miles de coronas de nomeolvides, los que meamos sin taparnos la nariz en los baños químicos, los que vomitamos nuestra borrachera de tristeza y amargura en el cordón de la vereda, los que nos acalambramos los dedos en “ V “, los que nos abrigamos con la cobija negra NDM, los que arrastramos a nuestros hijos a ese tsunami peronista, los que tenemos memoria porque la memoria es un paraíso de donde no podemos ser desterrados, los que sabemos de qué periferia de la historia venimos, los que vivimos genéticamente orgullosos y sabemos que no necesitamos ningún ADN ideológico, los que le ponemos el pecho y las tetas al capitalismo con su consumismo pornográfico, los que sentimos la tibieza a flor de piel porque a los muertos se los cuenta cuando están fríos, y el compañero Néstor Kirchner seguirá tibio en nosotros, los que hoy andamos con los ojos tristes de un perro San Bernardo y le ladramos a los corazones zurcidos de melancolía, los que no hemos dormido y en la duermevela bizca nos inventamos una revolución de obrero y de estudiante, de viejo decrépito con la nostalgia de las patas en la fuente y de pendejo cibernético empujando el nuevo tiempo.
Nosotros, los Negros de Mierda, queremos decirte, Cristina, que estamos con vos, que cuando pase el temblor, cuando empieces a elaborar tu duelo, cuando se te deshinchen los ojos de esplín, aún cuando sientas que tu cama es un talle grande y la soledad es un amigo que no está, cuando te escasee la palabra y te sientas desolada, estaremos aquí, armados hasta las muelas de militancia, dispuestos a ofrendarnos por vos, dispuestos a abrazarte respetuosamente, compañera, heredera de los ovarios de Evita. Y perdón por el tuteo.
Calixto
la corbata de yuppie, apretando desconfiado el maletín entre las piernas.
Nosotros, los que caminamos en patas amasando estiércol, los que hacemos el amor en la única pieza compartida y nos mordemos los orgasmos para no despertar a los niños.
Nosotros, los truchos que marcamos las nuevas tendencias de la moda en La Salada, los que remendamos el guiso de ayer con unas papas prestadas por la vecina solidaria a la que no le sobra nada, los cabecitas despreciados por la oligarquía.
Nosotros, los que enterramos algún afecto en un cajón berreta de pino verde económico, los que seseamos entre el laberinto de los dientes ausentes, los que nos fuimos al descenso con tantos goles en contra que ya nos duele el ciático de agacharnos para sacar la pelota del fondo del arco.
Nosotros, los que nos reconocemos por el sudor proletario y nos olemos como los perros guachos se huelen los genitales, los que fracasamos en nuestro afán de ser felices, los que somos felices a pesar del naufragio.
Nosotros, los que cada día salimos a la batalla colgados del estribo de la vida, soportando que nos rocen el culo de ida y de vuelta, aferrados al pasamanos ( mentira que Rexona no te abandona ) , mirando con ojos de envidia al que va sentado hasta Retiro, franeleandose
Nosotros, los que no festejamos empates porque Perón y Evita nos enseñaron que hay que salir a la cancha a ganar porque con la dignidad es mas probable dar la vuelta olímpica, incluso en la cancha de ellos.
Nosotros, los villeros comegatos, los indocumentados, los invisibles a los ojos del establishment, los sumisos que agachan la cabeza y le dan para adelante, los eunucos del harén del terrateniente, los mayordomos del campo del latifundista, los ordeñadores de la leche de las vacas de la arcadia de los Biolcatti.
Nosotros, los que vamos al chino cuando vamos, y nos compramos un kerosén tinto marca Sumuva, persuadidos por la publicidad que nos bate : Ahora con un diseño moderno, atractivo, innovador y gracias a su novedoso formato en envase Tetra Prisma, es fácilmente manipulable. Es cómodo de verter y puede ser conservado gracias a la práctica tapa.
Nosotros, los bisnietos de los descamisados, los que salimos a surfear en ese oleaje de trapos, los que reventamos la plaza porque nos quedamos huérfanos de Néstor y nos mordimos hasta gotear por los labios, y nos apretamos en un abrazo desconocido, los que hicimos pucheros frente al féretro, los que cantamos una y otra vez la marchita con la garganta hecha hilachas de dolor, los que aprendimos a pronunciar sin pudores en éstos años la palabra “ PATRIA “ sin que nos remita a tiempos pretéritos y reaccionarios de nacionalismos patéticos, los que decimos “ COMPAÑERA / COMPAÑERO “ con tanta dulzura que corremos el riesgo de enfermarnos de una diabetes amorosa y militante, los que voluntariamente le donamos una transfusión de sangre a la muerte sin preguntar, los que ofrendamos el corazón y lo depositamos junto a las miles de coronas de nomeolvides, los que meamos sin taparnos la nariz en los baños químicos, los que vomitamos nuestra borrachera de tristeza y amargura en el cordón de la vereda, los que nos acalambramos los dedos en “ V “, los que nos abrigamos con la cobija negra NDM, los que arrastramos a nuestros hijos a ese tsunami peronista, los que tenemos memoria porque la memoria es un paraíso de donde no podemos ser desterrados, los que sabemos de qué periferia de la historia venimos, los que vivimos genéticamente orgullosos y sabemos que no necesitamos ningún ADN ideológico, los que le ponemos el pecho y las tetas al capitalismo con su consumismo pornográfico, los que sentimos la tibieza a flor de piel porque a los muertos se los cuenta cuando están fríos, y el compañero Néstor Kirchner seguirá tibio en nosotros, los que hoy andamos con los ojos tristes de un perro San Bernardo y le ladramos a los corazones zurcidos de melancolía, los que no hemos dormido y en la duermevela bizca nos inventamos una revolución de obrero y de estudiante, de viejo decrépito con la nostalgia de las patas en la fuente y de pendejo cibernético empujando el nuevo tiempo.
Nosotros, los Negros de Mierda, queremos decirte, Cristina, que estamos con vos, que cuando pase el temblor, cuando empieces a elaborar tu duelo, cuando se te deshinchen los ojos de esplín, aún cuando sientas que tu cama es un talle grande y la soledad es un amigo que no está, cuando te escasee la palabra y te sientas desolada, estaremos aquí, armados hasta las muelas de militancia, dispuestos a ofrendarnos por vos, dispuestos a abrazarte respetuosamente, compañera, heredera de los ovarios de Evita. Y perdón por el tuteo.
Calixto
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!["Néstor
MÁS QUE MIL AMORES
Como un viento del sur que llega para barrer humedades y agobios, trajo sus saberes de político y estadista a toda la Argentina. Una Argentina que estaba pérdida, naufragada y sin esperanzas.
Vino con fuerza, con ese corazón y esa pasión que lo caracterizaron. Hizo del país una Patria reconocida en todo el mundo, más latinoamericana, más soberana.
Incluyo a los jóvenes y les descubrió a los adultos que los sueños hay que concretarlos, tal como hizo él con sus convicciones.
No le tuvo miedo a nada ni al poder de un presidente como Busch ni al del mercado ni a los militares.
Vino así, único y con escaso tiempo vital, ese espacio que sabía le era poco, por eso dio tanto.
Antes de irse pidió "¡Cuiden a Cristina!", porque también sabía que los desleales abundaban y hoy ya se los ve tan clarito.
A mí me dejó la inmensa alegría de poder conocerlo, de ser contemporánea, de poder contar la historia desde la realidad real y de estar orgullosa y conmovida de nombrarlo MI presidente. O decirle "Querido Néstor" cada vez que una imagen suya aparece.
Elijo este texto que te dejo al pie, del escritor y periodista Juan Sasturain, para que este 27 de octubre, en el que se cumple el sexto año de su descarne, los adolescentes que aún no saben quién es, o los de más edad que dicen por boca de aquellos interesados que lo denigran, puedan entender que tuvimos la felicidad de contarlo entre nosotros, así como era -y seguirá siendo- fiel a sí mismo.
El supo que el secreto está en tratar de recordar que el otro, quienquiera que fuese, es importante. Y se le fue la vida en ese menester.
@[100002390607279:2048:Alicia Vicchio].
- - -
• EL IMPRESENTABLE
texto de Juan Sasturain
escrito a pocas horas del fallecimiento de Néstor
(...) No conocí a Kirchner: lo voté y lo iba a volver a votar si se presentaba.
Me parece que era –con todas las diferencias e incomodidades que uno, que no está en la política, tiene– lo mejor para el país real, el país de las opciones concretas.
Así que, con permiso y todo el dolorido respeto, voy a ser incorrecto. Sincero, quiero decir.
Un flaco feo –virola, para colmo– y con una pinta de loser que mataba.
Un sujeto que era –marketineramente, digamos, perdonando la palabra– absolutamente impresentable. Y lo notable, ejemplar, festejable hasta hoy incluso, con la lástima y el dolor al día, es que ese supuesto impresentable y la mina que lo acompañaba los abrocharon. Largamente. Y cómo.
Me acuerdo cuando los radicales le arreglaron hace años los dientes al pobre Casella para una elección que perdió; me acuerdo –en los noventa– de los afeites, el gato ineficaz y la avispa del Turco perverso.
La moraleja es tan obvia que da hasta pudor explicitarla: saludablemente, acá todavía no siempre gana el marketing. Ni los medios.
Me acuerdo, hace unas semanas nomás, de Kirchner metido en la pilcha de El Eternauta en los afiches callejeros después de zafar de una anterior a ésta en que no zafó. Qué bárbaro.
Narigón irremediable como el mismísimo Oesterheld, que también ha sido enfundado en su momento por Solano en el traje de Juan Salvo, el Néstor (o lo que generaba en la gente joven su liderazgo) primereaba una vez más a la lentejísima oposición y se apropiaba con toda justicia de un ícono ejemplar del siglo.
Vuelvo ahora a lo que fue la previa a las elecciones de 2003, con el padrino Duhalde buscando quien agarrara la candidatura, con Lole & Co. (una vez más) sacándoles el cuerpo a las responsabilidades, con un país en la lona y sin futuro, una papa caliente sin nada que ordeñar.
El impresentable debe haber sido el tercero en la lista de los posibles contrincantes del Turco con la misma devaluada camiseta. Y allá fue.
A propósito: ¿Alguien se acuerda de que Menem ganó, fue primera minoría con casi un cuarto de los votos en esa elección a la que renunció a la hora del ballottage?
Memoria, plis: este flaco muerto arrimó apenas algo más del veinte por ciento de los votos –segundo, cómodo–, con el nefasto abanico de López Murphy, Rodríguez Saá y Carrió detrás, todos parejitos.
Con ese capital electoral miserable –el ilegítimo Illia, cuarenta años antes, juntó lo mismo que el Turco, pero no había segunda vuelta entonces–, con ese misérrimo porcentaje, digo, que además “era-de-Duhalde”, construyó a contrapelo de expectativas y pronósticos agoreros de ser un dócil "Chirolit", su propio proyecto político, que es lo más parecido a lo que veníamos esperando desde el regreso a la democracia.
Y lo hizo desde la carencia, pero con una vocación de poder y capacidad de construir que hoy, los alcahuetes y/o los cínicos enemigos del proyecto que encarnó y encarna, atribuyen (ecuánimemente) a sus respetables cualidades de “animal político”.
Y es cierto. Pero Kirchner no sólo ha sabido hacer política mejor que los otros en esos términos pragmáticos (acumular fuerzas, aislar al adversario, pegar primero, tomar siempre la iniciativa), sino que la ha hecho con una dirección y un sentido genuinos, porque siempre sentimos, incluso cuando no lo acompañamos, que creía en la política –no como los economistas tecnócratas del liberalismo o los empresarios colados, que sólo creen en la lógica de la empresa o los números de los balances–, que creía en y hacía política como instrumento de cambio, como medio de acceder al gobierno para poder modificar las relaciones con el poder fáctico, y no para servirlo.
Pero yo no quería hablar de eso. Quería hablar de su magnífica condición de impresentable.
Y terminar con tres rasgos que cualquier imbécil asesor de imagen o de verso equivalente despreciaría: las biromes berretas con que firmaba decretos y rubricaba acuerdos; el traje cruzado fuera de moda y oportunidad, siempre; la tendencia –memorable, desde el primer día, a la salida del Congreso– a zambullirse entre la gente, sacado, regalado.
La verdad, digan lo que digan, Kirchner ha sido un regalo. Generoso, cursi, incómodo, como un velero hecho de caracoles de mar puesto sobre la repisa de la patria.
Uno piensa que es para tirar y resulta imprescindible, verdadero, necesario.-"](https://fbcdn-photos-a-a.akamaihd.net/hphotos-ak-xpa1/v/t1.0-0/s206x206/14729371_1149699615119714_8851619384906623639_n.jpg?oh=a769111cc0da58aae571c7aa4c868007&oe=58CE6FF8&__gda__=1486017085_18d8f1f7e06280448c276e45d23c4b05)




