En un cuaderno de almacenero
apuntar cuentas, deudas, salarios
bajar un costo, subir un gasto
ponerle freno al Fondo Monetario.
Con el saco desabotonado
camina el barrio de tranco en tranco,
entra a una escuela, destraba un paro
abre una fábrica, sacude un banco.
Enfundado en un par de mocasines
se planta firme a todo un regimiento
baja dos cuadros, camina lento
y mirándolos de frente les dice
“yo no les tengo miedo”.
Con una voz
en la que las palabras hacen agua
dice sereno, este abogado
“vengo a pedir perdón
en nombre del estado”.
Sin corbata, este hombre escrupuloso
grita desde una tribuna
“¿Clarín, estás nervioso?”
Liviano, niño, risueño, cachador,
libre, vagabundo,
pone una mano sobre la rodilla
al emperador del mundo.
Desde hace un tiempo a esta parte
todos llevamos mocasines,
todos andamos mal entrazados,
todos miramos un poco bizcos,
todos somos un poco hermanos,
y en el bolsillo llevamos siempre una birome;
porque todos somos él,
porque él ya es millones.
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